"Buscando entre los libros antiguos, entre los apuntes de una vida lejana, descubrí la historia de una bella dama. Su nombre, Nieve, era por su larga melena blanca, tan hermosa que brillaba aun sin luz. Esta dama de hermosas facciones y de rosto rosado vivía en una pequeña aldea, y sus padres honrados trabajadores del campo la adoraban. Sus ojos eran dos perlas enormes de un color celeste, tan hermoso que sonrojaba a toda superficie que los reflejara. Su vida no era más diferente del resto de aldeanos, con una vida humilde y llena de paz interior. Pero a veces en las historias la felicidad tarda en consumirse para dar lugar a la más siniestra oscuridad. Sin tiempo de descansar de contar tal historia, la aldea se consumió, la pobreza llego, los aldeanos eran continuamente saqueados por el capricho infantil de un malcriado rey. Poco a poco la gente moría de hambre y la joven tan hermosa lloraba pidiendo clemencia. Nieve una mañana no más cálida que las ultimas encontró a sus padres enfermos, sin fuerza ni para mirarla. Esta llena de odio por el tirano que los maltrataba, dio un beso en la frente de sus amados padres, una gran daga cogió y sin pensarlo galopo a lomos de su caballo Iris. Su corazón gritaba, su alma enfurecida nada de perdón hallaba, la muerte de un rey parecía anunciada. Por su gran don de gentes pudo entrar en el castillo, engañando a los guardias haciéndose pasar por una dama rica perdida. Al fin, ambos se encontraron, nuestra dama llena de ira, y el rey desamparado por los vicios de la vida. Ambos cruzaron su mirada y pronto el Rey entendió que la muerte había tocado en su corazón. Con sorpresa una espada vio atravesada y a la más hermosa dama empuñándola con pánico. Todo pareció un suspiro, todo pareció un parpadeo fugaz, los guardias corrieron tras la dama, esta empapada de sangre y lágrimas logro salir del castillo y cabalgo perseguida hasta un enorme bosque. Allí se perdió, allí nadie la encontró. Un nuevo rey ocupo el puesto del asesinado y gobernó con hermosa mano, otorgando los privilegios quitados a los aldeanos y curando a los enfermos y hambrientos. Lastima que nada se sepa de la dama, cuyo pelo era la luz de los ciegos, cuyos ojos eran el agua de los sedientos, cuya piel rosada era el signo de la inocencia, de la pureza, del amor. Triste me quedo al descubrir que no hay más páginas que contar, solo queda un vago recuerdo, que es este cuento."