En un pequeño pueblo inglés las leyendas volaban y los niños corrían a imaginárselas en el bosque. Pero hay una pequeña historia que muy pocos recuerdan, y que otros olvidaron, trataba de una joven de pelo dorado, de ojos zafiro, y con un corazón brillante como el reflejo de la luna. Esta pequeña historia comienza en un bosque lleno de pinos nevados, de ciervos corriendo entre los arbustos y pequeños pájaros volando en el cielo claro, en este bosque se encontraba la joven de ojos azules, buscaba mariposas, acariciaba a los pequeños animales de este bosque. Los animales sentían su amor y jugaban con ella, pero el cielo de repente se oscureció, y nuestra protagonista alzo la vista al cielo y sus ojos tomaron un tono más oscuro. Los animales corrieron despavoridos a lo más profundo del bosque. La noche conquisto el cielo y la lluvia caía con fuerza, y un enorme lobo salio de los arbustos y la joven lo miro con fuerza aunque sus manos temblaban. Su corazón cada vez latía con más fuerza, su cuerpo completamente helado, el frío gobernaba cada sentido de la joven. El lobo enseño sus dientes fieramente, era negro como el azabache, era enorme, tan grande como un oso, y sus ojos eran dos diamantes ensangrentados. Sus poderosas garras se pusieron en marcha, dirigiéndose hacia la chica de pelo dorado, y de un fuerte brinco salto por encima de la chica y sus garras rozaron sus brazos. Sus brazos comenzaron a sangrar, sola se encontraba y el miedo era su único aliado, pero mantuvo la calma y se sentó, miraba las estrellas que aparecían en el firmamento, buscaba alguna palabra, alguna manera de parar a esa fiera nocturna. El lobo lamía la sangre de sus garras y miraba de manera furtiva a la chica, de nuevo salió corriendo, en ese instante una luz intensa lo cegó, la joven se levanto y lo abrazo y el bosque fue el único testigo del amor de esta chica por cualquier animal y por no tener miedo de su destino. Nadie sabe realmente lo que paso, pero el bosque siempre suelta lamentos, y las estrellas parecen llorar, nunca más se vio esos cabellos dorados, nunca más se vieron esos ojos alegres y llenos de amor, ambos, el lobo y la chica desaparecieron. Algunas otras leyendas de ese pueblo cuentan que la chica enseño al lobo a amar, otras dicen que simplemente desaparecieron como una brisa de verano apagada por el invierno. Nadie sabrá lo real, nadie jamás volverá a ver esa luz interior.